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Lizeaga y Elorz hacen historia: primer oro mundial para Euskal Selekzioa en mano parejas

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La pareja de Euskal Selekzioa supera a Canabal y Apezetegia por 10-7 y 10-9 en una final de enorme exigencia y conquista un título histórico en el primer Mundial con participación oficial de Euskal Selekzioa.

Euskal Selekzioa ya tiene una página dorada en su historia. Eñaut Lizeaga y Oier Elorz se han proclamado campeones del mundo de mano parejas tras derrotar a los representantes de España, Oian Canabal y Unax Apeztegia por 10-7 y 10-9. Una final de altísimo nivel ante dos pelotaris del Club Oberena que exigió la mejor versión de los vencedores, especialmente en un segundo set que parecía encaminado hacia el desempate.

El oro adquiere una dimensión especial al llegar en el primer Campeonato del Mundo en el que Euskal Selekzioa participa de manera oficial. Los cuatro protagonistas disputaron el encuentro completo, sin que ninguno de los seleccionadores recurriera a cambios durante una final marcada por la intensidad de los peloteos y las alternativas en el marcador.

Elorz impone su ley en la zaga

Canabal y Apezetegia comenzaron con mayor determinación. Los navarros entraron mejor en el partido, golpeando con confianza y aprovechando las dudas iniciales de los contrincantes que necesitaron varios tantos para encontrar su sitio en la cancha.

La reacción llegó desde atrás. Elorz comenzó a imponer un ritmo extraordinario, golpeando con potencia y una seguridad impropia de su juventud. Su dominio permitió a Lizeaga ganar protagonismo en los cuadros delanteros y empezar a castigar a Apezetegia con pelotazos largos, tanto de izquierda como de derecha.

El partido cambió de manos. Con España por delante 6-4, Canabal intentó recuperar la iniciativa, pero un gancho ofensivo que se marchó fuera reflejó las dificultades que estaba encontrando para intervenir con comodidad. Apezetegia también comenzó a acumular errores, presionado por la profundidad y la exigencia del peloteo. Lizeaga también encontró buenas oportunidades para finalizar y la pareja vasca consiguió alcanzar el 9-7 antes de cerrar el primer set por 10-7, culminando una remontada construida desde la superioridad en la zaga.

Del 4-0 al 7-9: una final al límite

El segundo parcial comenzó con Euskal Selekzioa lanzada. Lizeaga y Elorz aprovecharon la inercia del primer set para colocarse 4-0, pero los navarros reaccionaron hasta situarse 5-4, devolviendo toda la incertidumbre al encuentro.

El delantero de Oberena empezó a encontrar más oportunidades para entrar en juego y desplegar su habitual característica de incomodar a los rivales. Canabal consiguió ejercer presión cerca del frontis, mientras Apezetegia resistía los exigentes intercambios que proponía Elorz. La final entró entonces en su fase más disputada.

Lizeaga alternó intervenciones de gran calidad con algún error, especialmente en pelotas que se le escaparon por arriba con la izquierda, pero mantuvo su intención de alargar el juego y buscar constantemente la zaga contraria.

España consiguió ponerse 9-7 y quedó a un solo tanto de forzar el tercer set. Era el momento más delicado para Euskal Selekzioa, que necesitaba tres tantos consecutivos para conquistar el título sin pasar por el desempate. Y la respuesta fue de campeón. Los de Euskal Selekzioa no perdieron la serenidad. Volvieron a cargar el juego sobre Unax, recuperaron la iniciativa y consiguieron igualar a nueve, en una reacción en la que también pesaron los errores forzados del zaguero navarro. Con todo por decidir, la pareja vasca resolvió el último tanto para cerrar el parcial por 10-9 y desatar la celebración del oro mundial.

La madurez de Lizeaga y la exhibición de Elorz

Más allá del resultado, la final dejó dos actuaciones de enorme valor. Oier Elorz firmó un partido extraordinario, sosteniendo el peso del peloteo con una potencia impresionante y una regularidad que terminó marcando diferencias frente a una pareja de enorme nivel.

También resultó decisiva la evolución de Lizeaga. El delantero de Astigarraga ha dado un paso adelante en su juego, reduciendo los errores que anteriormente acompañaban a su propuesta ofensiva y aprovechando mejor una virtud que siempre ha tenido: su capacidad para situar la pelota muy lejos con ambas manos. Esa profundidad fue fundamental para incomodar al zaguero de Oberena y generar oportunidades de remate.

El título reconoce igualmente la aportación de Azketa y Garmendia, que participaron durante el campeonato y forman parte del equipo campeón del mundo. Para la final, el seleccionador apostó por Lizeaga y Elorz, una elección que terminó dando sus frutos frente a una de las parejas más difíciles de superar.

Euskal Selekzioa conquista así un oro de enorme significado deportivo e histórico. En su primera participación oficial en un Mundial, la selección vasca alcanza lo más alto del podio de mano parejas, culminando una final en la que supo remontar, resistir y resolver cuando el título parecía escaparse.

Sobre el autor

Ander Millan

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