El delantero de Amezketa Jokin Altuna superó a Jon Ander Peña por 22-15 en el Beotibar de Tolosa y aseguró su clasificación como segundo del Grupo B, por detrás de Javier Zabala. Su planteamiento táctico desactivó durante buena parte del encuentro a Peña, aunque tuvo que recuperar su versión más resolutiva después de ver cómo su rival amenazaba con darle la vuelta al partido.
Hay registros que explican por sí solos la dimensión de un pelotari. Jokin Altuna disputará por undécima vez consecutiva las semifinales del Campeonato del Cuatro y Medio, una regularidad extraordinaria en una competición donde cualquier detalle puede dejar fuera a uno de los favoritos. El delantero de Amezketa volvió a superar una prueba decisiva, esta vez en el frontón Beotibar de Tolosa, donde derrotó a Jon Ander Peña por 22-15 en un encuentro que tenía una premisa muy sencilla: el vencedor avanzaba a semifinales y el perdedor quedaba eliminado.
El triunfo permite a Altuna terminar segundo del Grupo B, por detrás de Javi Zabala, que ya tiene asegurada la primera posición independientemente de lo que suceda en el último compromiso de la liguilla. Sin embargo, más allá del resultado, el encuentro dejó una lectura interesante sobre la capacidad de Altuna para interpretar las necesidades de cada momento, incluso cuando las sensaciones con la pelota no eran las mejores.
Un planteamiento que sacó a Peña de su zona de confort
Altuna comenzó el partido con una propuesta ofensiva, buscando las primeras definiciones y consiguiendo varios tantos de mérito. Pero pronto cambió el registro. Lejos de convertir el encuentro en un intercambio constante de remates, apostó por un juego mucho más práctico, con abundantes pelotas a bote y una insistencia evidente sobre la derecha de Peña.
El delantero de Amezketa encontró una manera de incomodar a su rival sin necesidad de buscar continuamente el tanto definitivo. Cuando tenía que levantar la pelota, lo hacía con trayectorias bombeadas, sin excesiva fuerza, dificultando que Peña pudiera entrar con garantías para ejecutar uno de sus golpes más peligrosos, el gancho.
La estrategia tenía un efecto doble. Por un lado, impedía que Peña se colocara con comodidad sobre su izquierda y pudiera acercarse al frontis para desarrollar su juego ofensivo. Por otro, le obligaba a utilizar repetidamente la derecha en situaciones que no eran las más favorables para él.
Altuna no solo estaba ganando tantos: estaba condicionando la manera de jugar de Peña.
En un partido de tanta tensión, con una plaza en semifinales en juego, esa incomodidad fue acumulándose. Peña no encontraba la posición desde la que acostumbra a hacer daño, tenía dificultades para tomar la iniciativa y empezó a cometer errores. Parte de ellos fueron fallos propios, pero muchos llegaron después del trabajo previo de Altuna, que había conseguido llevar el partido hacia el terreno que más le convenía. Las diferencias fueron creciendo y, durante muchos minutos, la sensación era que el delantero de Amezketa tenía perfectamente controlado el encuentro.
Peña encuentra el gancho y Altuna pierde claridad
Sin embargo, el partido cambió cuando Altuna alcanzó los 17 tantos. Lo que hasta entonces había sido un ejercicio de control comenzó a convertirse en una situación bastante más incómoda para el guipuzcoano. Altuna empezó a mostrar dificultades para sacar la pelota de la mano con la velocidad y la claridad necesarias. Le costaba encontrar la definición y tampoco con la izquierda conseguía golpear con las garantías habituales. Eran sensaciones que recordaban a las que había mostrado frente a Javi Zabala, muy diferentes a las ofrecidas en su encuentro contra Unai Laso. Y enfrente estaba Peña, un pelotari especialmente peligroso cuando consigue encontrar su ritmo.
El tolosarra comenzó a recuperar terreno con un gancho que prácticamente no había podido ejecutar durante todo el encuentro. Su reacción después del tanto, levantando la mirada como quien por fin encuentra aquello que llevaba buscando desde el inicio, reflejó perfectamente lo que estaba sucediendo. Por primera vez en muchos minutos, Peña empezaba a sentirse cómodo. También hubo un tanto especialmente significativo en el que Altuna parecía tenerlo todo a favor. Peña había quedado retrasado y la iniciativa estaba completamente en manos del amezketarra, pero una pelota dirigida a la mano terminó permitiendo que fuera su rival quien se llevara el punto.
La dinámica había cambiado. Los tantos largos y trabajados, que anteriormente solían caer del lado de Altuna, comenzaron a favorecer a Peña. El delantero de Tolosa se acercó al frontis, ganó agresividad y empezó a presionar a un rival que ya no encontraba la misma facilidad para controlar los intercambios. Con Altuna detenido en el 17, Peña consiguió convertir un partido que parecía decidido en una amenaza real. El segundo descanso obligatorio se acercaba y el encuentro había entrado en una fase completamente distinta a la del inicio.
La mejor respuesta llegó cuando peor parecía encontrarse
Altuna consiguió finalmente alcanzar el tanto 18 y llegar al descanso con una ventaja que, pese a todo, ya no transmitía la tranquilidad de minutos anteriores. Lo más significativo llegó después. Porque cuando menos claridad parecía tener en su juego, el delantero de Amezketa encontró la manera de resolver el partido.
No fue una reacción basada en remates inmediatos ni en una sucesión de tantos rápidos. Altuna tuvo que trabajar, sostener intercambios exigentes y construir sus oportunidades a través de varios pelotazos antes de encontrar la definición. Ahí apareció una de sus grandes virtudes: la capacidad de competir y decidir incluso cuando no dispone de sus mejores sensaciones.
Peña cometió algún error importante en esa recta final, pero reducir el desenlace a esos fallos sería injusto con el trabajo de Altuna. El amezketarra consiguió sacar adelante tantos de enorme dificultad, recuperando la iniciativa en los momentos en los que el partido más lo exigía.
Su acierto en el tramo decisivo terminó por frenar la remontada de Peña, que ya no pudo mantener la dinámica favorable que había encontrado minutos antes. Un tanto de saque puso el definitivo 22-15, certificando una victoria que había exigido mucho más de lo que llegó a sugerir la diferencia en el marcador.









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