Iker Larrazabal consiguió el segundo punto de la liguilla de cuartos de final del grupo A del campeonato Manomanista al poder derrotar en el frontón de Labastida a Darío por 22-20.
El pelotari alavés Iker Larrazabal se sitúa muy cerca de poder estar presente en la liguilla de semifinales tras su triunfo ante Darío. El mismo domingo, en el frontón Atano III, el de Amurrio ya podría celebrar su pase. Para ello, Jokin Altuna debería ganar a Javier Zabala y eso supondría la eliminación del de Logroño. De cara a la última jornada, se medirían Altuna y Darío por el segundo puesto para acceder a semifinales. Con lo cual, Zabala, saldrá ante Altuna con la obligación de tener que ganar si quiere seguir con opciones.
Fue un inicio de partido donde ninguno estaba encontrando el claro dominio. Hubo tantos peloteados en los que los dos se movieron mucho sobre la cancha. Darío, se encontraría mejor en ese oleaje. Se adelantó al 10-4 sin que Iker pudiera gozar con las manos, y el de Ezcaray también hizo mucho daño con su derecha. Sobre todo el dos paredes. No tuvo esa tarde en la que alargaría mucho la pelota con esa mano como nos tiene acostumbrados en esta disciplina, pero se encontró más cómodo que Larrazabal en ese río revuelto.
El alavés logró el saque y por fin pudo encontrar la fórmula y el juego que a él le iba a deparar alegrías. No tardó en querer sacar una pelota nueva del cestaño y comenzó a gozar muchísimo con su mano derecha. Obligó a Darío una barbaridad y en muy poco tiempo con un parcial de 6-0, puso el empate a 10 en el luminoso. En ese instante, no aprovechó el pelotazo y el riojano le completó el tanto. Con ese 11-10, Darío consiguió definirlo y marcharse por delante en ese primer descanso obligatorio.
Después de esos tres minutos, el marcador del frontón se apagó y aquello protagonizó que estuvieran varios minutos parados. Darío optó por colocarse la sudadera y realizar ejercicios mientras Iker continuó peloteando en el frontis. Viendo que no marchaba, por fin sacaron un marcador antiguo de los que los tantos se tenían que pasar por la propia mano.
El ambiente en el frontón era una olla a presión. Con el cartel de no hay entradas colgado desde hace unos días, los dos pelotaris gozaban de su apoyo y disponían de sus cánticos. Iba a ser Darío quien encontró un camino más liviano tras volver a la competición. A Larrazabal se le notaba presionado y lejano a ese pelotari que se había visto minutos anteriores. El de Ezcaray, no le estaba sometiendo en cuanto a pegada, pero en los entresijos del peloteo se lograba imponer. Por ejemplo, le estaba dando un montón de veces con efecto en vez de soltar. Por ejemplo, lo hizo con el sotamano con la derecha.
Darío logró tener una bella diferencia en el segundo descanso obligatorio y después seguiría sumando. La sensación continuaba siendo de que no estaba siendo superior, pero Larrazabal en los momentos importantes, en los que llegaba a igualar, no los estaba jugando de la mejor manera. El de Ezcaray, sin embargo, llegó a la máxima diferencia que veríamos en esta cita ya que era de seis tantos. Con el 20-14 a su favor, tenía todo de cara para poder llevarse el envite.
Sin embargo, se iba quedar en ese cartón número 20 después de que Larrazabal cogiera el saque. Volvió ese patrón de juego en el que su derecha sería una dinamita. Ese juego que le permitió remontar durante la primera parte sería el que le daría el triunfo. Un 8-0 de parcial en el que arremetió a su contrincante a tener que estar siempre en tareas defensivas. No se achicó y tuvo paciencia para su pegada. Con cabeza y con un enorme látigo en esa mano, a nivel psicológico creyó por completo en sus opciones.
En el instante que empataron a 20 el alavés continuó con su entrega y en el 21 lograría una parada en el txoko para finalizar. Dentro de esa remontada, los hermanos Gómez pararon la cita un par de veces, pero no fue suficiente para frenar a Larrazabal que se encuentra con más de un pie y medio en la ronda de semifinales.









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