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La competición y los jueces

Siempre he dicho que la competición no admite sentimentalismos, no permite relajación ni consiente un segundo de tregua. El límite no está en el reglamento, ni siquiera en la malicia.

Puede que estas aseveraciones no sean del agrado de muchos, incluso pueden crear cierta repulsa, que estoy dispuesto a admitir, al menos en principio. Lo que no tolero es la traición, y como tal considero la ayuda química de productos prohibidos, en una palabra el dopaje. Pero hasta ahí no podemos llegar, por lo menos mientras los controles no se hagan públicos, o no estén hechos por los organismos oficiales competentes.

Lo que haga la LEP, a nivel de régimen interno me parece bien, pero no es la vía adecuada para que el infractor asuma toda su responsabilidad, ni la penalización proporcional al daño infringido. Eso sin contar los quebrantos de salud derivados del auto envenenamiento progresivo, si no se pone remedio a tiempo. Pero no es este el caso que hoy voy a comentar, porque requiere más espacio, tiempo y un análisis profundo, que solo expertos en la materia pueden explicar correctamente.

Hoy mi comentario viene provocado por un partido del manomanista, más concretamente por un tanto, el” VEINTIUNO” de Bakaikoa. Fue Urretabizkaia víctima de un atropello provocado por su rival de turno, no sé si premeditado o simplemente como consecuencia de un lance del juego, en momentos de máxima tensión. Solo Bakaikoa podría darnos una explicación convincente en cualquiera de los sentidos, mientras solo podremos hablar de injusticia, porque injusticia es llevarse un tanto que nunca debió de llegar al casillero. Ese maldito tanto no solo se lo llevo el infractor, sino que dejo tocado al que luego se fue al vestuario cabizbajo y rumiando el esfuerzo derrochado para nada.

Mi conclusión es muy clara, si en alguien debe recaer la responsabilidad, es en el juez de centro , que no supo o no se atrevió a parar un tanto a todas luces irregular, sea por un lance del juego o premeditado, que repito, solo Bakaikoa lo sabe. La mentalidad de los jueces de pelota debe de ajustarse a derecho, y no seguir la dinámica de los partidos profesionales, en la que las apuestas han dejado un rastro nefasto. Considerando el grave quebranto que han sufrido las apuestas a pie de cancha, arrinconadas por la tecnología, es el momento justo de darle a la estorbada la importancia debida y castigar con la severidad que dicta el Reglamento.

Repito, la competición no tiene límites, solo caben los que deben poner los jueces, amparados por el Reglamento y la total imparcialidad.

El Secre 

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